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Las cuencas y la ley general de biodiversidad

Miriam Guadalupe Ramos Escobedo

Las cuencas juegan un papel relevante en la conservación y protección de la biodiversidad porque la dinámica del agua en el territorio es crucial para la supervivencia, estabilidad y prosperidad de la biodiversidad. Aunque las cuencas se asocian con agua, mantener la funcionalidad de una cuenca en términos hidrográficos requiere preservar sus suelos y su vegetación, los hábitats terrestres que dan forma a la cuenca. A su vez, la conservación de los hábitats terrestres es determinante para la conservación de los ríos, lagos, lagunas y ecosistemas costeros de conforman la cuenca –hábitats acuáticos–. La mayor causa para el declive de la biodiversidad es la destrucción de hábitats; la conservación y manejo adecuado de cuencas tiene como componente intrínseco la conservación de la biodiversidad.

La cuenca es el espacio del territorio que drena hacia un sitio determinado. Morfológicamente, todo el territorio está organizado en cuencas. Las más pequeñas drenan hacia arroyos que emergieron o se formaron unos pocos kilómetros aguas arriba. Conforme determinamos de dónde viene el agua desde zonas más bajas, podemos ver que el espacio se acrecienta y que las pequeñas cuencas van quedando contenidas dentro del territorio de una cuenca cada vez más grande y así sucesivamente hasta que se desemboca a un lago (cuencas endógenas) o al mar (cuencas exógenas).

Dado que el manejo del territorio lo llevamos cabo sus habitantes, es muy importante asociar el concepto de cuenca al territorio que capta o “cosecha” el agua de la lluvia y la suministra a los manantiales y ríos. En términos de manejo, las cuencas pequeñas son unidades naturales de manejo, ya que, como se mencionó, las cuencas más grandes están siempre compuestas de cuencas pequeñas y las unidades menores son más fáciles de trabajar. Por otro lado, es en estos espacios más cercanos donde las comunidades tienen injerencia directa sobre su patrimonio natural.

La biodiversidad de las cuencas varía con su ubicación geográfica; de acuerdo con la altitud en la que se encuentren, a la cantidad de precipitación y particularidades fisiográficas y geomorfológicas de la región donde se localizan.

El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) realizó un ejercicio de priorización de las principales cuencas hidrográficas del país tomando en cuenta los criterios de la Conabio para zonas prioritarias de conservación de la biodiversidad terrestre, acuática epicontinental y marino-costeras. El INECC cruzó esta información con la de impactos antropogénicos con su sistema de cuencas.

Este ejercicio reveló 18 cuencas en prioridad extrema; sobresalen por su tamaño y relevancia ecológica las de la península de Yucatán, la del Grijalva-Usumacinta, la de los ríos Papaloapan, Pánuco, Santiago, San Pedro y Acaponeta. Por otro lado, se identificaron 70 cuencas con prioridad alta que abarcan casi el 43 por ciento del territorio nacional. Entre ellas se pueden mencionar las de los ríos Bravo, Balsas, Yaqui, Lerma-Chapala, Nazas y San Pedro.

Muy posiblemente debido a que las cuencas se definen con base en un criterio hídrico, es usual que asociemos su función casi exclusivamente con la captación de agua para formar manantiales, arroyos y ríos, y en última instancia para suministro humano. Sin embargo, las cuencas también tienen una función ecológica al proveer hábitat para la flora y la fauna. Y una ambiental porque son sumideros que regulan la recarga hídrica, conservan la biodiversidad y mantienen la integridad y la diversidad de los suelos. Finalmente, cumplen una función socioeconómica al suministrar recursos naturales para el desarrollo de actividades productivas que dan sustento a su población.

Los trabajos de conservación de cuencas consideran frecuentemente reforestación, implementación de técnicas para la conservación de suelo y agua, restauración de las franjas ribereñas y estrategias para la conservación de bosques tales como programas de pago por servicios ambientales, reemplazo de los sistemas agrícolas por sistemas de silvicultura y manejo de plantaciones forestales. En algunos casos, los proyectos incluyen la implementación de ecotecnias en las comunidades asentadas en las cuencas para optimizar el uso de la leña, evitar la defecación al aire libre y que las aguas servidas y negras no lleguen a los ríos.

Estos planteamientos pueden considerarse en instrumentos normativos como ordenamientos territoriales. Sin embargo, estos ordenamientos no tienen necesariamente la visión de cuenca, y por tanto no siempre toman en cuenta el funcionamiento natural del territorio, la interacción de sus componentes aguas arriba y aguas abajo y su conectividad. La única normatividad relacionada con la aproximación de cuenca actualmente está en la Ley de Aguas Nacionales y está enfocada al suministro de agua potable y tratamiento de aguas residuales.

Introducir el enfoque de cuenca en el marco legal y las regulaciones asociadas con la conservación de la biodiversidad y el manejo del territorio es una tarea apremiante que debe atenderse. Es prioritario proteger de manera efectiva la conectividad de los cuerpos de agua dulce y costeros, de sus cuenca y áreas ribereñas desde un enfoque efectivo y realista de patrimonio natural.

Aún hay mucho por saber sobre la biodiversidad acuática epicontinental en México. En los países del norte y en Centroamérica se conocen especies de peces y macroinvertebrados que requieren que se mantenga la conectividad en los ríos porque durante su ciclo de vida migran aguas arriba o aguas abajo.

En el Golfo de México, el pez bobo (Joturus pichardi) es una especie marina que entra a desovar a estuarios y ríos. Era común hace 30 años, ahora es raro. Es preciso que el proyecto de ley general de biodiversidad proteja con un enfoque de cuenca tanto a los organismos, como a los ecosistemas y sus relaciones internas.

Miriam Guadalupe Ramos Escobedo
Correo-e: miriam.ramos.gww@gmail.com

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