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La cuenca binacional del río Tijuana

Juan Galindo Santiago

Los países demarcan sus fronteras de diversas formas. Algunos, considerando elementos naturales divisorios como montañas, ríos o accidentes orográficos; otros más delimitan su territorio levantando muros. Si nos referimos a la frontera entre México y Estados Unidos, en su extremo noroeste, en la frontera entre el municipio de Tijuana y el condado de San Diego, tenemos que no solamente existe un muro, sino que podemos encontrar en algunas zonas hasta dos.

Aunque territorialmente los países pueden estar divididos por estructuras naturales o por aquellas fabricadas por el hombre, si pensamos en el agua del mar, en la superficial y en la subterránea, así como el aire, claro está que ésta sigue su curso sin detenerse en las fronteras arbitrarias; no así para el caso de algunas especies animales y vegetales, las cuales ven impedido su libre desplazamiento y dispersión, como consecuencia de la existencia de dichas barreras.

Si bien en la frontera internacional entre México y Estados Unidos se levanta más de un muro divisorio que pretende separar a las dos naciones, también tenemos que la naturaleza por sí misma ha determinado su unión a través de la integración de su territorio en la cuenca binacional del río Tijuana.

Una cuenca hídrica es aquella superficie de terreno delimitada por los parteaguas (línea imaginaria que une los puntos de mayor elevación del terreno) por donde el agua pluvial y fluvial escurre, transita y/o drena, a través de una red de corrientes que fluyen hacia una corriente principal. Y por ésta, hacia un punto común de salida o almacenamiento.

La Comisión Nacional del Agua, Conagua, apunta que la cuenca del río Tijuana tiene una superficie de 4 mil 452 kilómetros cuadrados, de los cuales el 73 por ciento se localiza en Baja California, y el 27 restante en el estado de California, Estados Unidos. En la sección mexicana, tres municipios se localizan en la cuenca. Tecate y Tijuana albergan juntos un área de 2 mil 802 kilómetros cuadrados (42.41 y 20.53 por ciento, respectivamente); el de Ensenada abona a la cuenca 438 kilómetros cuadrados, lo que corresponde al 9.84 por ciento del total de la misma. En cuanto a la sección estadounidense, el 27.22 por ciento de la superficie de la cuenca (mil 212 kilómetros cuadrados) se ubica en la jurisdicción del condado de San Diego, California.

Hablar de la cuenca del río Tijuana implica una serie compleja de interacciones del orden físico-natural como del social. Existen innumerables estudios que describen la importancia de los ecosistemas asociados a la cuenca por su localización, su clima, su relieve, su geología, y su hidrología.

Estudios del Colegio de la Frontera, Colef, con sede en Tijuana, reportan a la cuenca como una de las zonas con mayor diversidad biológica del mundo. En ella existen comunidades de vegetación entre las que destacan marismas costeras del sur, matorral costero de salvia, chaparral, bosque de encinos, bosque de enebros, piñoneros, bosque de pino Jeffrey, bosque ripario, bosque ripario de encinos y matorral ripario.

En cuanto a la fauna, ésta se compone por especies que integran la provincia faunística sandieguense; entre las aves, se reporta la presencia de especies bajo algún estatus de protección de conformidad con la NOM-059-SEMARNAT-2010.

En la superficie que abarca la cuenca hay una marcada diferencia entre las comunidades localizadas en los Estados Unidos y las ubicadas en territorio mexicano, tanto por la apropiación del territorio, como por las características de sus actividades productivas y por la dotación de servicios. Considerando los datos de Instituto Nacional de Geografía y Estadística, INEGI, y del Census Tract, ambos para 2010, tenemos que las densidades de población de los municipios de Baja California en la superficie correspondiente a la cuenca son muy contrastantes. Tijuana tiene una densidad de población de mil 245 personas por kilómetro cuadrado; para Tecate son 37 y Ensenada aproximadamente nueve.

En la sección estadounidense, habitan 264 personas por kilómetro cuadrado. Estos datos nos indican la presión que se ejerce en la parte baja de la cuenca, en virtud de que son Tijuana y las ciudades de Imperial Beach, San Ysidro y Otay Mesa (las tres últimas del condado de San Diego) las que se localizan más al extremo oeste y en la parte final del sistema hídrico, en la zona baja del valle y colindando con la reserva nacional de investigación estuarina del río Tijuana.

En esta parte baja de la cuenca del río existe una dinámica particular entre estas áreas urbanas. Por lo tanto, las acciones con respecto al flujo o ausencia de las mismas generan impactos adversos con repercusiones locales y regionales. En relación a la sección mexicana de la cuenca, y puntualizando para el caso de Tijuana, se tiene que los problemas más importantes identificados son el proceso de urbanización acelerado y desordenado, la remoción de la vegetación arbustiva original y el cambio del uso del suelo. Todo esto ocasiona el incremento de la erosión y el arrastre de sedimentos, la contaminación de los cauces naturales por aguas residuales y desechos sólidos, con impactos importantes de alcance local y regional.

En conjunto, estos problemas propician la vulnerabilidad de los habitantes de la zona ante posibles desastres naturales, derrumbes y deslaves. En la sección norteamericana se tienen como principales problemas: sedimentación excesiva por aporte de contaminantes y basura al hábitat natural del sistema estuarino, desecación y pérdida de canales de inundación y zonas de humedal natural; generación de externalidades negativas a los servicios ambientales y recreativos que ofrece el parque estatal de California Border Field; incremento de costos económicos por deterioro de obras y proyectos y por recolección y desalojo de sedimentos y residuos sólidos. Además, hay afectaciones a los ranchos y asentamientos localizados en el valle y los riesgos asociados con las inundaciones y efectos a la salud de la población por la presencia de contaminantes.

Lo que sucede en la parte mexicana de la cuenca repercute en su sección norteamericana, en los ecosistemas sensibles, en el humedal de importancia internacional, en los servicios ambientales, en las aguas del océano y en la seguridad y bienestar de la población en el territorio de ambos países.

Por todo lo anterior, desde hace muchos años existe una vinculación y una coordinación continua entre tomadores de decisiones con jurisdicción en el espacio que comprende la cuenca del río Tijuana, incluyendo organizaciones de la sociedad civil y residentes locales. Además, la participación de universidades y centros de investigación que han aportado datos e información científica, lo que ha permitido proyectar acciones con sustento. Los cambios de administraciones gubernamentales, sobre todo en el lado mexicano, han complicado y retrasado la ejecución de proyectos en beneficio de la cuenca.

Para fortalecer y dar certidumbre a las acciones conjuntas desarrolladas en la cuenca del río Tijuana, en octubre del 2015 se firmó el Acta 320 como parte del Tratado de 1944 entre los comisionados de ambas secciones de la Comisión Internacional de Límites y Aguas. El propósito fundamental: considerar un marco general para la cooperación binacional entre México y los Estados Unidos en los asuntos transfronterizos referentes al mejoramiento del control en la aportación de sedimentos, el manejo y disposición de residuos sólidos y la calidad del agua.

Es mucho el trabajo que hay que realizar. Pero es mucho mayor el beneficio de contar con una cuenca del río Tijuana saludable. El cambio de conductas en todos los niveles es necesario. Y además, indispensable conocer y valorar el lugar en donde vivimos a fin de generar el cambio que urge hacia un entorno y estilo de vida sustentable.

Juan Galindo Santiago
Director de Impacto de la Secretaría de
Protección al Ambiente de Baja California
Correos-e: galindo_sj@yahoo.com.mx
jgalindo@baja.gob.mx

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