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Todos contra el muro: la fauna y la flora en ambos lados de la frontera

Horacio de la Cueva y Eduardo Peters

El muro transfronterizo propuesto por el presidente Donald Trump no es una idea nueva. Podemos regresar a los tiempos del presidente George W. Bush quien planteó la idea de que la frontera sur de los Estados Unidos debiera ser una fortaleza. En esos tiempos, el presidente Vicente Fox Quesada y su canciller Jorge Castañeda Gutman creyeron que no oponerse al muro les permitiría obtener la enchilada completa que resolvería las diferencias migratorias entre los dos países. No nos llegó la enchilada, pero sí se erigieron muros que aumentaron el costo y el riesgo de cruzar ilegalmente.

Las circunstancias económicas no han cambiado y volvemos a una vieja política aislacionista con un muro cada vez más fantasioso y costoso. Ni la muralla china ni las ciudades estado que surgen en el imperio romano y resultan en la formación de las actuales naciones europeas defendieron a quienes deberían proteger. Sí aislaron a pueblos y retrasaron su desarrollo cultural. No podemos esperar una historia diferente.

El tiempo pasa y dos tercios de la frontera ya cuentan con barreras físicas que poco afectan a las personas, pero sí a las especies silvestres de forma permanente.

Las autoridades ambientales y la diplomacia mexicana tienen en sus manos un tema que no han querido abordar de frente, a pesar de que desde hace años existen estudios científicos que podrían sustentar una demanda ante los organismos internacionales pertinentes que busque reparar los daños presentes y futuros del muro fronterizo entre México y Estados Unidos.

El problema es grave y no atenderlo implica irresponsabilidad pues el impacto del muro afecta a especies protegidas y listadas en las normas oficiales de los dos gobiernos. Sin embargo, ahora que se abre la puerta para renegociar el Tratado de Libre Comercio, sería una buena oportunidad para darle oxígeno a la Comisión de Cooperación Ambiental, y abordar el tema del impacto ambiental transfronterizo para lograr acuerdos trilaterales que beneficien a los ecosistemas y especies compartidas.

En este número de La Jornada Ecológica exploramos tanto las consecuencias negativas que la continuidad y el crecimiento del muro tendrán en poblaciones de búhos, lobos, berrendos y bisontes. Igualmente, en la continuidad de sistemas ribereños a lo largo de la frontera: desde el río Tijuana, pasando por el Colorado y siguiendo al Bravo hasta su delta entre Texas y Tamaulipas.

Aunque los problemas ambientales son desesperantes, también hay grandes esfuerzos conjuntos que nos dan esperanza sobre las muchas formas en las que la cooperación binacional se refleja en mejores conocimientos y conservación. El ejemplo de las charcas vernales, ecosistemas únicos en la franja territorial de las Californias, ilustra esta cooperación positiva.

Esperamos que este número de La Jornada Ecológica ilustre e impulse una discusión objetiva de las consecuencias de un muro transfronterizo que a todas luces es anacrónico y atenta contra la biodiversidad de América del Norte. Como coordinadores del tema, queremos agradecer a los especialistas responsables de los textos que ahora el lector tiene oportunidad de consultar y, así, formarse una idea de la importancia del problema aquí expuesto.

Horacio de la Cueva y Eduardo Peters
Correos-e: jecologica@gmail.com y edpeters1964@gmail.com


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