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Turismo en Quintana Roo: Yum Balam

Hace justo dos años, La Jornada Ecológica estuvo dedicada a presentar los problemas más agudos que padecía la isla de Holbox –que es parte del área de protección de flora y fauna Yum Balam–, especialmente debido a la pretensión de establecer complejos hoteleros que podrían acabar con las condiciones naturales que le dan su razón de ser como atractivo turístico. Uno de ellos es que, de mayo a septiembre, llega cerca de la isla un grupo de tiburones ballena en busca de alimento.

Además atrae visitantes por su extraordinaria belleza y por ser muy rica en flora y fauna. Tiene 43 kilómetros de largo y en ciertas partes menos de mil metros de ancho. Hoy funcionan allí más de 40 hoteles y el turismo de playa altera su calidad ambiental y el ritmo de vida de sus habitantes, que durante muchos años vivieron de la pesca, la cual disminuyó notablemente por sobreexplotación.

Hoy, ese centro turístico está saturado de hoteles, casas de descanso y servicios conexos sin ceñirse en lo más mínimo a un plan maestro que le garantice conservar la flora y la fauna.

Para “limpiar” los terrenos a fin de edificar a la orilla del mar se destruyen en Holbox superficies de manglar, especie amenazada y protegida legalmente. El manglar evita la erosión costera, protege contra la fuerza de los huracanes, sirve como refugio de aves y propicia la existencia de numerosas especies que, a su vez, sirven de alimento y son fuente de ingreso de los pescadores.

Como se describe en este número de La Jornada Ecológica, han pasado dos años desde la llamada de alerta sobre lo que ocurría en Holbox y los problemas crecieron de tal forma que rebasan lo ambiental y tienen que ver con la convivencia de sus más de 2 mil habitantes, divididos por los intereses económicos de poderosos e influyentes inversionistas foráneos y por la especulación que genera la compraventa de las tierras del ejido. Restablecer la convivencia exige una actuación imparcial y urgente de las autoridades locales y estatales, así como las de los sectores agrario y ambiental. Y todo ello, con la participación activa de la población nativa de la isla.

Como se señala en los textos que aquí incluimos, el reto es garantizar el crecimiento urbano sostenible de Holbox. Así lo exponen hasta los dueños de hoteles que buscan variar el rumbo de esa actividad en la isla. Ello implica elevar la calidad de vida de sus pobladores y garantizar una sana estancia a quienes visitan el lugar. Y para ello se requiere comenzar por el principio: conservar el buen estado de los recursos naturales que le dan razón de ser como sitio privilegiado para el turismo que llega a disfrutar el paisaje, no a destruirlo.

Queremos agradecer el apoyo que para este suplemento nos brindaron los incansables defensores de la fauna y la flora de la región. Y también a los impulsores de buenas prácticas ambientales en las comunidades locales.

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