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El Sistema Arrecifal Mesoamericano: una riqueza biológica sin igual

Mélina Soto

Lo que conocemos como península de Yucatán emergió del fondo del mar hace aproximadamente un millón de años. Una maravilla natural se fue incubando durante los últimos 5 a 10 mil años en sus aguas marinas cristalinas: los arrecifes coralinos.

Bordeando el litoral de la península, los corales fueron creando la barrera más larga del hemisferio norte. Se extiende hoy por más de mil kilómetros: desde la punta noreste de la península de Yucatán en México, hasta las islas de la Bahía en Honduras, pasando por Belice y Guatemala.

El Sistema Arrecifal Mesoamericano es el hogar de una riqueza biológica sin igual: más de 500 especies de peces, 65 especies de corales, un sinfín de especies de invertebrados, tiburones, tiburones ballenas, cuatro especies de tortugas marinas y manatíes viven en sus tranquilas aguas.

Esta biodiversidad ha sido la sólida base para el desarrollo de las economías y culturas de la región. Aproximadamente 2.2 millones de personas pertenecientes a diversas culturas como los mayas, los garífunas, los miskitos o los kekchis, viven en sus costas.

Las principales fuentes de ingresos son las actividades turísticas y la pesca artesanal, ambas íntimamente ligadas al arrecife. El turismo genera alrededor de 9 mil millones de dólares al año y emplea a más del 35 por ciento de la población de Quintana Roo, siendo así una de las fuentes de ingreso más importantes del producto interno bruto nacional. La relación entre la salud del Sistema Arrecifal Mesoamericano y el bienestar de las comunidades es evidente.

Por eso, en 1997 los representantes de los cuatro países firmaron los Acuerdos de Tulum, donde reconocen la importancia de proteger y conservar los recursos marino costeros del Sistema Arrecifal Mesoamericano y promover el desarrollo sustentable en la región.

A poco más de 20 años de dichos acuerdos, el Sistema Arrecifal Mesoamericano enfrenta cada vez mayores amenazas. Se estima que en el mundo se han perdido más de la mitad de los arrecifes coralinos en las últimas dos décadas. El arrecife mesoamericano no es excepción y ha visto sus números decaer drásticamente. Amenazas de origen global, como el cambio climático que afecta directamente a la región con el aumento de las temperaturas superficiales del mar, el de la frecuencia e intensidad de las tormentas y el del nivel del mar.

Pero otras amenazas tienen un origen muy local. Así, el anárquico crecimiento urbano y de las actividades económicas ha ocasionado la deforestación de miles de hectáreas de manglares, ecosistemas muy importantes para luchar justamente contra el cambio climático. Este crecimiento poblacional y económico no ha sido acompañado de programas de manejo y tratamiento de aguas residuales y materiales sólidos adecuados, generando la contaminación de las cuencas, los acuíferos y el mar.

La iniciativa Arrecifes Saludables para Gente Saludable es un proyecto colaborativo que reúne a universidades, agencias de gobierno, sector privado y organizaciones de la sociedad civil. Desde hace más de 10 años, evalúa la salud del arrecife para elaborar recomendaciones de manejo basadas en datos científicos. En su último reporte (http://www.healthyreefs.org/cms/es/reportes-de-la-salud/) la iniciativa resalta, añadiendo a las amenazas ante mencionadas, la proliferación de las algas en el arrecife. Las macroalgas (para diferenciarlas de las algas microscópicas) hoy ocupan en promedio el 25 por ciento del lecho marino, más del doble de lo que solían representar.

Esta tendencia preocupa a los expertos ya que las macroalgas compiten de manera muy efectiva por el espacio con los corales, crecen más rápido que ellos, acaban asfixiándolos e impidiendo que se establezcan nuevos corales. Estas algas crecen utilizando los nutrientes provenientes de la contaminación del agua.

Las 69 organizaciones que forman parte de la iniciativa hacen un llamado: se necesitan acciones contundentes para mejorar el tratamiento de las aguas residuales y evitar que las aguas normalmente transparentes del Caribe se sigan contaminando.

A lo largo de los años, varios esfuerzos se han establecido en la región para proteger los recursos marinos. Numerosas áreas marinas protegidas fueron declaradas con resultados concretos muy variados, dependiendo de los presupuestos. Actualmente, el 57 por ciento del mar territorial de los cuatro países está bajo alguna figura de manejo y protección.

Las asociaciones de pescadores artesanales también velan por sus recursos. Para el caso de México, se están creando zonas de recuperación pesquera, donde los peces pueden reproducirse y crecer hasta alcanzar buenos tamaños y repoblar así el arrecife y ser aprovechados de manera sostenible por las comunidades.

En Belice, gracias a la colaboración de los pescadores con organizaciones de la sociedad civil y el gobierno, han impulsado el cambio de la Ley Nacional de Pesca y la implementación del manejo basado en derechos en todo el país.

En islas Roatán, Honduras, se han conectado más del 86 por ciento de los hogares y negocios al drenaje gracias al trabajo conjunto del sector privado, el gobierno y la sociedad civil, logrando una reducción drástica de los nutrientes en la bahía y mejorando los criterios de calidad del agua en sus playas.

La iniciativa considera que ahora más del 55 por ciento del arrecife está en mal estado, pero a la vez observa una ligera mejoría con un incremento de coral de hasta el 18 por ciento en los últimos años. Este incremento, por muy pequeño que sea, alimenta la esperanza y los proyectos de restauración se han multiplicado. Quintana Roo es hogar de algunos de los proyectos más innovadores de restauración coralina utilizando micro fragmentos y reproducción sexual.

Pero todavía falta mucho por hacer para garantizar plenamente la salud del Sistema Arrecifal Mesoamericano. Una tarea que requiere la cooperación regional de gobiernos, poblaciones, científicos y los sectores económicos. Y además, imaginación y creatividad.

Mélina Soto
Healthy Reef for Healthy People
Correo-e: [email protected]

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