Nevado de Toluca: entre la política de desarrollo y el deterioro ambiental — ecologica
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Nevado de Toluca: entre la política de desarrollo y el deterioro ambiental

Rafael Fernando Sánchez Barreto

Son ya tres décadas que el turismo vinculado a la ecología, el llamado ecoturismo, surgió como una propuesta derivada de las necesidades que en la materia se promovieron para responder a los cambios globales relacionados con la excesiva contaminación y deterioro observado principalmente en las áreas naturales.

El turismo es una actividad que lleva décadas de estar presente en el Nevado de Toluca, pero sin política y estrategia alguna, provocando en muchos casos contaminación por ruido y basura, extracción de flora y práctica de la caza.

Con la recategorización del Nevado de Toluca, acordada en el 2013 mediante decreto presidencial, que cambió la categoría de parque nacional a la de área de protåección de flora y fauna los problemas son mayores. Dos de los principales atractivos turísticos del lugar son los lagos cráter y el parque de Los Venados. Ambos considerados como parte de la zona núcleo, y cuya superficie rebasa las mil 900 hectáreas. En dicha modificación legal también se consideró una zona de amortiguamiento, como se observa en el mapa adjunto.

En ella se establece la posibilidad de establecer proyectos de aprovechamiento sustentable de los recursos naturales y de los ecosistemas. Igualmente, y de acuerdo con el citado decreto presidencial, se fijan subzonas de preservación, uso público, de asentamientos humanos y de recuperación. Pero según las organizaciones de la sociedad civil, todo el nuevo andamiaje legal ha servido para aumentar la tala del bosque o la renta de tierras a terceros.

Una de las principales estrategias para promover el desarrollo social en comunidades marginadas son los proyectos locales, sobre todo en áreas naturales. Sin embargo, no han cumplido con los objetivos propuestos. Destacadamente, en atender el rezago social, frenar el deterioro del capital ambiental de las regiones, y consolidar el nivel profesional y de competitividad de las empresas comunitarias. Y en buena parte lo anterior se debe a la falta de coordinación entre actores de los diferentes niveles de gobierno.

Este escenario de alguna manera contrasta con la política turística que reina en el estado de México. Si bien los números del anterior sexenio, 2011-2017, reflejan un antes y un después, no se puede decir que la política turística en la entidad se haya reflejado en atender de manera prioritaria al turismo de forma integral.

Si bien para el año 2011 se reportó que la aportación del turismo al producto interno bruto del estado de México ascendió a 1.5 por ciento (unos 13 mil 600 millones de pesos), en el 2015, y tomando como base la última medición de Inegi, fue de 5.8 por ciento, equivalente a unos 64 mil millones de pesos. Un crecimiento cinco veces mayor. Al inicio del anterior sexenio estatal (2011), el 2.1 por ciento de los empleos estaban en el turismo. En el 2017, ascendían a 9.8 por ciento. Esto quiere decir que uno de cada diez empleos formales creados en la entidad se dieron gracias al turismo.

Vale decir que el discurso político es congruente con las necesidades del propio gobierno y de los empresarios. En tanto, las comunidades, las organizaciones de la sociedad civil y la academia se convierten en simples observadores que no participan realmente en una actividad en plena expansión geográfica y económico-social.

El desarrollo de corredores turísticos, la conectividad carretera y aérea (que no es gratuita, solo basta ver el aumento al peaje), y que condicionan la movilidad; el impulso al programa Pueblos Mágicos (9) y Pueblos con Encanto (22), así como la experiencia nocturna en Teotihuacán y Destellos en el Cosmovitral, crearon una base de productos turísticos cuyo objetivo fue aumentar la rentabilidad y participar en el mercado, independientemente de lo que ello significara en cuanto al deterioro del entorno.

La política turística en el estado de México deja entrever la falta de visión sobre la conservación de las áreas naturales. ¿Qué parte de los ingresos millonarios generados por concepto estrictamente turístico se aplicaron para la conservación del Nevado de Toluca y su posible impulso a un ecoturismo responsable?

Habrá que apuntar que el enfoque del desarrollo turístico que privilegia la rentabilidad económica sobre el beneficio social y ecológico, iniciado en la década de los años 70, sigue siendo apuesta del gobierno federal para impulsar el sector.

Desde esta visión, los componentes del medio natural como el agua, suelo, bosques, playas, y en general áreas con un potencial paisajístico, además de las tradiciones y costumbres de pueblos a lo largo y ancho del país, “son considerados como una mercancía negociable con clientes potenciales, maximizando de esta forma el beneficio económico para algunos cuantos, en detrimento de las colectividades asentadas en el medio rural” (Monterroso y Zizumbo, 2009).

En este marco, el desarrollo turístico puede ser altamente criticado, y con justa razón. Y al menos en el Nevado de Toluca no existe control alguno sobre una actividad que en otros países no está determinada por asuntos de posesión de la tierra o de corrupción bajo el velo del derecho de los ejidos y propiedades comunales para hacer con el patrimonio natural lo que les conviene.

Paradójicamente, el decreto del 2013 por el cual se declara al parque nacional Nevado de Toluca como área de protección de flora y fauna, lejos de incentivar un turismo responsable que vincule a los diferentes sectores en redes interorganizacionales, se abren brechas cada vez más pronunciadas para la especulación de la tierra y, por ende, de los recursos naturales de una zona que debería ser pública.

Ante este panorama es necesario aportar nuevas ideas vía la participación de las redes académicas y de los grupos de la sociedad civil, de tal manera que se promuevan estrategias de organización de la actividad turística a través de herramientas como la educación ambiental, con el fin de establecer un compromiso para el desarrollo de un turismo local que considere formas distintas de participación social y académica. Sería una manera de impulsar los corredores turísticos ya existentes y los programas municipales o estatales sobre la materia. Y que tengan como prioridad la atención de las áreas naturales como uno de los principales ejes para mantener las condiciones de preservación y conservación del entorno. Sería, además, una forma de evitar la especulación por la venta de terrenos y la apertura de espacios para establecer empresas y fraccionamientos cuyos efectos negativos se unen a los producidos por el cambio climático.

Para más información

https://expansion.mx/nacional/2016/09/28/5-anos-de-eruviel-avila-el-legado-que-deja-en-el-edomex-segun-los-datos-duros

(https://heraldodemexico.com.mx/opinion/el-turismo-la-gran-revelacion-en-el-estado-de-mexico/).

Diario Oficial de la Federación. (01/10/2013). Decreto por el cual se reforma, deroga y adiciona diversas disposiciones del diverso publicado el 25 de enero de 1936 por el que se declaró Parque Nacional la montaña denominada Nevado de Toluca que fue modificado por el diverso publicado el 19 de febrero de 1937.

Monterroso Salvatierra, Neptalí y Zizumbo Villarreal, Lilia (2009). “Turismo e identidad de resistencia: la oposición local a proyectos turísticos en el Parque Nacional Nevado de Toluca, México”. Estudios y Perspectivas en Turismo. Vol. 18, Buenos Aires, Argentina: pp. 36-52.

Rafael Fernando Sánchez Barreto
Investigador del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo Sustentable, UAEMéx

Correo-e: [email protected]

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