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Llegó la hora para democratizar la gestión del agua

María Luisa Torregrosa y Karina Kloster

En un periodo de tres décadas, México transita en la gestión del agua de un modelo fuertemente centralizado y vertical a otro que no acaba de expresarse completamente, orientado a ser desconcentrado, descentralizado y participativo. En estos años, hemos visto una demanda orientada a una gestión más democrática del agua y también formas de organización social y resolución de los problemas de acceso y saneamiento del recurso basado en redes solidarias a nivel local y comunitario que no tienen cabida en las instituciones actualmente existentes.

Para construir una gestión del agua más democrática y participativa habría que preguntarnos ¿Cómo nos relacionamos con el agua y el ambiente? ¿Cuáles son los valores y principios que se expresan en nuestra relación con el agua, y en general con la naturaleza? ¿Cómo se instalan estos principios y valores en los procesos sociales, políticos y culturales que caracterizan las relaciones de los seres humanos con el agua? ¿Cómo se observan dichos principios y valores en el plano institucional?

Los espacios mixtos que se están generando con la nueva institucionalidad del agua son fruto de procesos políticos complejos que se constituyen dentro y fuera de las fronteras nacionales. Se expresan y conjugan con el conjunto de las luchas por el ejercicio del poder en el manejo del recurso, que se pueden entender mejor como (y no deben ser reducidos a) confrontaciones entre visiones y valores encontrados expresados en proyectos políticos y representados por actores rivales.

El logro de consensos y la cooperación no pueden llevarse a cabo si ignoramos las confrontaciones entre estos proyectos rivales. Problemas cruciales como la falta de consenso acerca del derecho universal a los servicios básicos de agua y saneamiento; como patrimonio de la biosfera y derecho humano; acerca del rol de los sectores público y privado en la provisión del servicio de agua y saneamiento, o de la necesidad de implementar principios de prevención en la gestión de los recursos hídricos son buenos ejemplos de la existencia de las rivalidades, a menudo irreconocibles.

La experiencia mexicana ha mostrado que los espacios mixtos más acotados en el territorio (como los comités de cuenca, los consejos técnicos de aguas subterráneas y los distritos de riego), tienen mejores condiciones para plantear, interactuar, consensuar y solucionar los problemas que les competen en torno al recurso, sin dejar de lado que a estos espacios los afectan las tensiones e indefiniciones que aquejan a los consejos de cuenca en cuanto a funciones y representación de los usuarios.

Hay experiencias en todo el país, a nivel municipal, comunitario y de comités ciudadanos, en los que se registra la confluencia de un conjunto de experiencias sociales y políticas que permiten la interacción de actores múltiples: agentes gubernamentales federales, estatales y municipales, ONG, grupos de medianos y pequeños empresarios, productores agrícolas y comunidades indígenas. En el caso de los Comités de Cuenca de la Costa de Chiapas, concretamente en el Comité de Cuenca del Zanatenco, esta diversidad logró confluir en esta experiencia original que, en la actualidad enfrenta problemas para continuar sus actividades y madurar como instancia, debido al cambio de las autoridades municipales que decidieron un recambio del personal que había impulsado la experiencia (Vera, J., 2005).

Estas experiencias han sido poco exploradas y algunas se desarrollan al margen de las instancias institucionales. Sería importante conocerlas y aprender de ellas para enriquecer y diversificar los modelos de participación vigentes.

En el contexto político actual de México se abre la oportunidad para avanzar en la democratización de la gestión del agua en México. Existen las condiciones para implementar este instrumento que intenta avanzar hacia la inclusión efectiva de la sociedad y sin perder de vista la relación con la naturaleza.

Los procesos políticos recientes muestran los avances en la formación y consolidación de una sociedad civil y una ciudadanía cada vez más consciente de su derecho a participar y decidir sobre las cuestiones que atañen a su integridad como ciudadanos. La creación de los espacios mixtos para fortalecer la gestión integrada y corresponsable del agua en México (como los consejos y comités de cuenca, las asociaciones de usuarios en los distritos de riego y los comités técnicos de agua subterránea) son avances importantes en este sentido. Sin embargo, el desafío del gobierno y de la sociedad es muy grande ya que la participación y la representación legítima de la sociedad está en construcción.

El desafío que enfrentamos es el de encontrar y construir las formas y los canales institucionales para confrontar y dirimir nuestras diferencias y llegar a consensos para una gestión sustentable e integral del agua. Toca preguntarnos ¿qué papel nos toca a cada quién en esta monumental tarea?

María Luisa Torregrosa
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso-México)
Correo-e: [email protected]

Karina Kloster
Universidad Nacional Autónoma de México
Correo-e: [email protected]

 

 

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