Amanalco y Valle de Bravo, en lucha contra las trabas burocráticas — ecologica
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Amanalco y Valle de Bravo, en lucha contra las trabas burocráticas

Andrés Juárez

La cuenca de Amanalco-Valle de Bravo, con 61 mil y 17 mil hectáreas bajo sistemas de manejo territorial integrado, aporta 10 por ciento del agua que consume el Valle de México; además, la cuenca provee alimentos para la población local y otros servicios ambientales. La cuenca forma parte de un sistema de cuatro áreas naturales protegidas: el área de protección de flora y fauna del nevado de Toluca, el área de protección de recursos naturales Valle de Bravo-Temascaltepec, la reserva de la biosfera de mariposa monarca y el parque nacional Bosencheve.

En la cuenca hay 266 localidades que suman más de 200 mil habitantes, con grados de marginación medio y alto, y un alto crecimiento poblacional y urbano, relacionados con la expansión del turismo en Valle de Bravo. Muchas personas de la región trabajan en las ciudades de México y Toluca en servicios, en la construcción y como empleados domésticos y regresan a sus pueblos los fines de semana.

Desde hace 15 años, 11 comunidades en la cuenca llevan a cabo actividades manejo y producción forestales, agrupadas en la Unión de Ejidos Emiliano Zapata. Cuentan con fuerte organización para la protección del bosque y la toma colectiva de decisiones, poseen conjuntamente un aserradero que les permite vender madera en tabla y agregar valor a su producción.

Inicialmente, la Covid-19 se percibía como algo lejano, había más preocupación por el riesgo de incendios forestales y el retraso de las lluvias. La información que provee el gobierno federal resultaba ajena y poco útil, con recomendaciones que no se adaptan a las dinámicas de la vida cotidiana en el campo. La adopción de medidas de protección como el uso de gel, caretas y cubrebocas fue muy tardía. Muchos de los trabajadores en México y Toluca perdieron sus empleos y regresaron a los pueblos, provocando contagios y un incremento del desempleo en las localidades. Entre algunos hubo resistencia a pedir atención médica de los enfermos por miedo a perder la vida y no poder seguir los ritos funerarios, lo que hizo más complejo el seguimiento y la contención del contagio.

Existen varios espacios de organización como las asambleas comunitarias, los comités de agua y la propia Unión de Ejidos, pero como medidas de protección frente a los contagios, las reuniones se suspendieron, y con ellas los espacios para la defensa colectiva de los territorios para generar acuerdos en torno a medidas de sanidad y cuidado comunitario de los enfermos. Mientras los aprovechamientos forestales regulados se suspendieron por la imposibilidad de seguir los complejos trámites que impone la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), con oficinas cerradas durante la pandemia. Con ello se han perdido medios de vida e ingresos comunitarios.

Andrés Juárez
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