Plaguicidas altamente tóxicos para las abejas y para los humanos
Octavio Gaspar Ramírez y Kelvin Saldaña Villanueva
De unos años a la fecha, la apicultura ha sido fuertemente impactada por el uso de cierto tipo de plaguicidas en la agricultura, algunos de ellos altamente tóxicos para las abejas. Es el caso del fipronil y los neonicotinoides (el imidacloprid es el más tóxico de esta familia). Se ha reportado que la dosis letal 50 (DL50) para estos compuestos ronda entre 3 y 5 ng/abeja, cantidad suficiente para matar el 50 por ciento de una población de abejas tras una sola exposición por contacto.
Sin embargo, a dosis no letales, estos compuestos generan efectos adversos, como la pérdida de la memoria, que impide que regresen a sus colmenas tras salir en busca de alimento1. Estos eventos han sido observados en algunos casos de colapsos de colmenas en México: 1) el abandono total de las colmenas, las abejas salen en busca de alimento y ya no regresan y, 2) la mortandad en el propio apiario, en el que se encuentran miles de cadáveres.
Análisis de laboratorio corroboraron la responsabilidad de los neonicotinoides y del fipronil en casos de mortandad. Incluso se logró calcular una DL50 muy por encima de lo reportado en la literatura cuando se analizan muestras de abejas de apiarios colapsados. Tal es el caso del estado de Campeche, que este año sufrió la pérdida de cerca de 5 mil colmenas tras una fumigación de cultivos de maíz. En el 100 por ciento de las muestras de las abejas que fueron analizadas se determinó la presencia de fipronil por arriba de la DL50 que es 3.8 ng/abeja.
Los casos de intoxicaciones de abejas por plaguicidas son muy frecuentes en territorio nacional; sin embargo, el sector apícola carece de marcos legales para protegerse o exigir la reparación del daño a quienes son responsables de estas fumigaciones y de sus impactos.
En algunos estados se han presentado iniciativas de prohibición de estas sustancias para uso agrícola, tal es el caso del Congreso de Sinaloa, que en 2021 aprobó una iniciativa de ley apícola que incluye la prohibición del fipronil y de los neonicotinoides: imidacloprid, clotianidina y tiametoxam.
Cabe resaltar que en el mercado circulan alrededor de mil 400 sustancias activas. Dentro de éstas existe una familia de 183 que circulan libremente en México y son clasificadas como plaguicidas altamente peligrosos (PAP)2.
Estos compuestos se distinguen por la clasificación que les da la Organización Mundial de la Salud (OMS) en cuanto a su toxicidad aguda, y también por la toxicidad sobre los ecosistemas: toxicidad crónica (incluyendo carcinogénesis, disrupción endocrina y mutagénesis) y persistencia en el ambiente. Por eso se encuentran enlistados dentro de convenios internacionales en países en los que rigen políticas de regulación.
En este contexto, es importante señalar que tanto el fipronil como los neonicotinoides son PAP, mismos que también se han encontrado en alimentos de producción y consumo local en Hopelchén, Campeche. Esto resulta alarmante pues representan una amenaza no solo a los ecosistemas de polinizadores, sino también a la salud humana.
Por lo anterior, es de celebrar que en el Senado de la República actualmente se tenga una iniciativa en dictaminación que incluye la prohibición progresiva de los PAP. Una tarea que deja en manos del legislativo el futuro de la salud humana, los ecosistemas, la soberanía alimentaria y el patrimonio biocultural de nuestro país.
Referencias
1 Hazardous Substances Data Bank (HSDB).
2 Los Plaguicidas Altamente Peligrosos en México. Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México, A. C. (RAPAM).
Octavio Gaspar Ramírez y Kelvin Saldaña Villanueva
Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco, subsede Noreste
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